UN POETA BORGEANO

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📸 Alexis Díaz Pimienta (La Habana, 1966)

Poeta, narrador y repentista cubano, reconocido como uno de los grandes innovadores de la décima contemporánea. Su obra abarca poesía, narrativa, ensayo y literatura infantil, y ha sido traducida a varios idiomas. Fundador de la Cátedra de la Décima en La Habana, ha dedicado buena parte de su vida a investigar y revitalizar la tradición oral improvisada, llevándola a escenarios internacionales. Foto: OnCuba.


Aleph

I

Borges visita el espejo después de ir al oculista. Borges, el funambulista. Borges, el rapsoda viejo. Borges no siente complejo, más bien, pena del cristal. Toca el vidrio: azogue y sal, luna oscura y arrogante (o ignora que está delante de Borges, o le da igual.)

Borges se palpa la cara, se acomoda el pelo cano. ¿Será Menard o Quijano? El vidrio duda. Declara que tiene una mezcla rara de Enma Sumz y Jorge Luis. ¿Será el Traidor infeliz o el Héroe? Todo es distinto. Su rostro es un laberinto y el espejo es un país del que ha sido desterrado por siempre. Borges lo sabe. Parece un pájaro grave. Parece un papel mojado. Parece un árbol doblado. Parece hijo de María. Parece fotografía de enciclopedia futura. La cara larga y oscura, la cara oscura y vacía.

Borges visita el espejo, se toca el pecho, y bizquea. Quiere que el espejo lea lo que dice en su entrecejo. Borges: fósil circunflejo. Borges: niño solitario. Borges: polvo literario lleno de bifurcaciones. El rostro que ahora te pones alguien se lo quita a diario.

II

Borges regresa a La Alhambra después de cien años ciego. Huele incienso. Escucha el riego de las fuentes. Una zambra los tímpanos le acalambra, le taconea en el pecho. Extiende el brazo derecho en distintas direcciones: Al Patio de los Leones, al Generalife, al techo...

Borges le explica a María Kodama cómo Boabdil le traducía al Genil los dísticos que decía Wallada, o le componía él mismo zéjeles tristes. El agua recita chistes verdes que Borges no entiende (Llora como un viejo duende que han desheredado). ¿Insistes en que el tiempo es circular? Borges no contesta. Canta una milonga y levanta el mentón. Siente piar en árabe (debe andar desorientado un gorrión). Borges levanta el bastón, frunce el ceño y abre un ojo más que el otro. ¿Ciego? ¿Cojo? ¿torpe por imitación?

María le da la mano como una madre soltera. Borges insiste en la esfera de Pascal, en el arcano Aleph, en el ser humano como representación y angustia. Baja el bastón y evoca nuevos difuntos. Borges es todos los puntos de su propia creación.


Con "Aleph", Díaz Pimienta dialoga con Borges desde la estructura popular de la décima, fusionando humor, ironía y rigor literario. Su escritura se caracteriza por la capacidad de tender puentes entre la cultura popular y la alta literatura, convirtiéndolo en una figura clave de la poesía cubana contemporánea.


✍️ “Aleph”, de Alexis Díaz Pimienta Por @domingopoeta para hivebookclub

Las décimas que Alexis Díaz Pimienta dedica a Borges en Aleph son un ejercicio de diálogo poético con la tradición y, al mismo tiempo, una exploración de la identidad literaria como espejo múltiple. El texto se divide en dos secciones que funcionan como escenas complementarias: primero, Borges frente al espejo; luego, Borges en la Alhambra. Ambas imágenes condensan la obsesión borgiana por el tiempo, el reflejo y la multiplicidad.


I. Borges frente al espejo

La primera parte nos muestra a Borges en un gesto cotidiano —“después de ir al oculista”— que se transforma en ritual metafísico. El espejo no es un objeto neutro: es un país del que Borges ha sido desterrado. La décima convierte el reflejo en un territorio hostil, donde el rostro del poeta se vuelve un laberinto. Díaz Pimienta juega con la ironía: el Borges que se palpa la cara no sabe si es Menard, Quijano, el Traidor o el Héroe. La identidad se fragmenta en referencias literarias y personajes, como si el propio Borges fuera una suma de citas.

El tono es lúdico y grave a la vez. La repetición de “Borges” al inicio de varios versos funciona como anáfora que martilla la idea de multiplicidad: Borges fósil, Borges niño, Borges polvo literario. La imagen del rostro que alguien “se lo quita a diario” sugiere la desposesión, la pérdida de identidad en el acto mismo de ser leído y reinterpretado. El espejo, que debería devolver una imagen, aquí confunde, multiplica y destierra.


II. Borges en la Alhambra

La segunda sección traslada a Borges a un espacio cargado de historia y simbolismo: la Alhambra. El poeta ciego recorre fuentes, patios y zéjeles, acompañado por María Kodama. La escena mezcla lo real con lo fantástico: Borges escucha el agua como si fueran chistes verdes, canta una milonga en medio de un piar árabe, levanta el bastón como si buscara orientarse en un laberinto cultural.

Díaz Pimienta introduce aquí la tensión entre la tradición árabe-andaluza y la poética borgiana. El diálogo con Boabdil y Wallada, la evocación de Pascal y el Aleph, todo se entrelaza en un tejido de referencias que subraya la obsesión de Borges por la circularidad del tiempo y la multiplicidad de los puntos de vista. La Alhambra se convierte en escenario de un encuentro imposible: Borges, ciego, percibe con otros sentidos lo que la vista le niega, y su bastón es símbolo de búsqueda y resistencia.


Rigor y amenidad

El poema de Díaz Pimienta no es una imitación de Borges, sino una recreación en clave de décima, género popular y cubano por excelencia. La elección de la décima es significativa: Borges, figura del canon universal, es traído al terreno de la oralidad y la improvisación. El resultado es un diálogo entre alta cultura y tradición popular, entre el laberinto literario y la música de la décima.

La amenidad surge del humor y la ironía: Borges bizquea, parece un pájaro grave, un papel mojado. Pero el rigor está en la densidad de referencias: Menard, Quijano, Pascal, el Aleph, la esfera. Díaz Pimienta logra que la décima, con su estructura fija, se convierta en espacio de libertad interpretativa.


Reflexión final

Aleph es un homenaje y una parodia, una lectura crítica y un juego. Borges aparece como figura múltiple, desterrado de su propio espejo y convertido en todos los puntos de su creación. Díaz Pimienta demuestra que la décima puede dialogar con la filosofía y la literatura universal, y que Borges, leído desde Cuba, se vuelve personaje popular, cercano, casi improvisado.

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