Entrada al “Concurso de minicuentos en honor al maestro Juan Rulfo” | El gallo blanco

(75)in#hive-179291
Reblog

Audifonos para mi Gamer favorito (51).png

El gallo blanco

Autor: @mafalda2018

Romantic and unforgettable melodies from the movies (15).png

Era un día como cualquier otro; desde la playa disfruto del atardecer, de la mar serena y de las sirenas que sonríen con picardía. De la nada, el paisaje sufrió un cambio brusco y la mar se picó. Nubes negras fantasmales invadieron el cielo anunciando un chaparrón de agua. Un leve temblor en mis rodillas hizo que contuviera el aliento; el graznido de gaviotas me sacó del letargo. A mi avanzada edad de 46 años, esto me sucede a menudo. El grito de Crecencio, el hijo de la comadre Simona:

—"Profesor Luís, es hora de clase".

Apresuré el paso. Las gotas de lluvia eran perdigones y pinchaba mi piel. Aún falta un tramo para llegar al pueblo. Macao, un caserío que se niega a morir y con un particular olor nauseabundo. Los pobladores dicen que son las algas rojas. Después de muchos años me acostumbré. La fuerte brisa me hace tambalear. Trae consigo hojas, polvo y malos augurios. La oscuridad cubrió la población.

—¡Macao! Feo, abandonado y triste. Además de niños lombricientos y mocosos, jugando trompo en las calles sucias, también se llenen de lodazal.

—Dios nos ampare.

No imaginé que estas palabras iban a ser proféticas. Suspendí la clase debido a la fuerte lluvia y envié a los jóvenes a buscar refugio. Con tristeza y ganas de llorar, abracé a Candelaria, que esperaba preocupada. Nos acostamos sin cenar cerca de las siete de la noche. Noche de insomnio por los zancudos y grillos. A las diez de la noche, Candelaria gritó:

“¡Luis, despierta! Un gallo blanco con ojos de fuego trató de picarme”.

Medio dormido encendí el bombillo. Nerviosos, revisamos la casa y el gallo blanco no apareció. Candelaria echó agua bendita para alejar a las ánimas, aparecidos, duendes y a su tatarabuelo Emeterio, el culpable de la aparición del gallo blanco en su familia. Emeterio fue un afanado gallero de pura cepa, a quien un día lo maldijo un gallo moribundo. Es una historia familiar y del pueblo de Macao.

Candelaria me dijo que presagiaba desastres, muertes y se llevaba a los niños que no habían sido bautizado. Se persignó asustada y siguió rezando.

—¡Está anunciando una mala noticia!

A la una de la mañana escucharon voces de alarma; el río inundó el pueblo.

—Te lo dije, Luis —se santiguó Candelaria detrás de su esposo. Nuestra casa fue una de las pocas que no se inundó, está ubicada en las lomas.

A todos los pobladores les comentaba que se le apareció el gallo blanco con ojos de fuego y que intentó picarla. Al oírla, los vecinos se persignaban. Cerca de las diez de la mañana llegó la lancha costera en auxilio. Algunos decidieron irse; iban como zombis arrastrando los pies, muertos de hambre y sin esperanzas porque lo habían perdido todo. Entre ellos, Candelaria y yo aprovechamos de llegar a tierra firme.

Cerca de las siete nos despertamos y cenamos mientras la única estación de radio transmitía las noticias. Inquieto, cerré puertas y ventanas. A las diez de la noche el cansancio nos venció. Candelaria, entre dormida, oyó un graznido que puso sus pelos de punta, el gallo blanco intentó picarla. Desvió su mirada y se abalanzo sobre mí, picoteo mis brazos y desapareció sin dejar rastro. Con el rostro pálido y manos sudorosas, Candelaria curó mis brazos, y repetía una y otra vez:

— ¡Está anunciando malas noticias!

Tanto insistió Candelaria, que muy temprano salí a la calle y llamé para saber cómo estaban por mi casa, mis padres y hermanos. Mamá me dijo:

“Toda la familia está bien”. De regreso a casa, cole café y revisé exámenes. De repente, una fuerte brisa entró por la ventana, un graznido heló mi sangre acelerando mi corazón. En la ventana el gallo blanco con ojos de fuego y junto a él, un anciano sonreía con sarcasmo.

—¡Dame hora, Luis!

El reloj en la pared marcaba las once de la mañana. Así de la nada, ambos desaparecieron. A las doce del mediodía, llamó mi madre para darme la noticia de que mi padre había fallecido de un infarto fulminante a las “once de la mañana”. Un frío recorrió mi cuerpo y el gallo blanco sonreía.

—Te lo dije, Luis.

Romantic and unforgettable melodies from the movies (15).png

Les invito a participar en el concurso de minicuentos en honor al maestro Juan Rulfo, de la comunidad de #Literatos. Les dejo el link:

“Link”

Abrazos apretados y gracias por visitar mi Blog en #Hive.

Namasté

Juliana (3).png

El diseño de la imagen de la publicación la hice con inteligencia artificial. Utilice la página www.aiphotoeditor.ai

Receta de Palagar sudado (2).png

Los separadores los diseñe en CANVA.

Receta de Palagar sudado (2).png

La imagen del gallo blanco la edite en CANVA.

Receta de Palagar sudado (2).png

·inLiteratos·by
(75)
$0.84
||