
I'm almost at the end of this series on Museums of Buenos Aires, not because there aren't more places like this in the Argentine capital, but because I haven't discovered any more. The fact that I've spent barely a month in the legendary city of Buenos Aires—a little less—and that I managed to visit around twenty museums in that time still seems incredible to me. I should also clarify that I reviewed some of these places before I came up with the idea for this series, so I've actually shared more museums than you might initially think.
Ya casi estoy llegando al final de esta serie de Museos de Buenos Aires, no porque no existan más lugares así en la capital argentina, sino porque yo no he conocido más. Pensar que sumando todos los días que he pasado en la mítica ciudad de Buenos Aires apenas llego a un mes - un poco menos - y que en ese tiempo pude visitar una veintena de museos me sigue pareciendo increíble. También aclaro que reseñé algunos de estos lugares antes de dar con la idea de crear esta serie, así que en realidad les compartí más museos de los que se pudiera pensar en un inicio.

For that reason, I feel I can include in this series a place that, technically, shouldn't be here. The Recoleta Cultural Center doesn't have the word "Museum" in its name, and that might raise the following question: Is a Cultural Center the same as a museum? No. While the latter is a space dedicated to conservation and exhibition (and research), the former also hosts activities such as training workshops, social events, concerts, and the like, without necessarily having its own collection of works. In other words, cultural centers may host art exhibitions, but these are usually traveling and change frequently. Furthermore, they can represent very diverse styles and varied artistic expressions, and in that sense, the art exhibited is not linked to a consistent identity over time, whereas in the case of museums it is. In other words, Museums of Contemporary Art, Fine Arts Museums, and Naval Museums have stricter curatorial criteria than cultural centers. Despite this, I included the Recoleta Cultural Center in this series because it is a space that allows for direct contact with art and because I believe it is a place that can be appreciated and enjoyed by museum lovers. The first thing that catches the eye is the building, constructed in 1732, which originally housed a monastery and served various purposes over time, such as a poorhouse, a hospital, a barracks, and a nursing home, until the Cultural Center was planned in 1978 and inaugurated in December 1980. Its Gothic architectural style, the pinkish hue of its bricks, and its prime location make it stand out in the Recoleta neighborhood. And with more than twenty exhibition halls, a cinema and an auditorium, it's one of the favorite places for locals to see art exhibitions, concerts, courses, workshops and other activities related to cultural promotion.
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Por esa razón creo que me permito incluir en esta serie un lugar que técnicamente no debería estar aquí. El Centro Cultural Recoleta no lleva la palabra Museo en su nombre y eso puede provocar la siguiente duda: ¿es un Centro Cultural lo mismo que un museo? No. Mientras que el último es un espacio dedicado a la conservación y exhibición (y la investigación), el primero se dedica también a actividades como talleres de formación, otros de corte social, conciertos y semejantes sin que necesariamente cuenten con una colección de obras propias.

Es decir, en los centros culturales puede haber exhibiciones de arte, pero normalmente son itinerantes y cambian con frecuencia. Además, pueden representar estilos muy diversos, expresiones artísticas variadas y en ese sentido, el arte exhibido no va de la mano con una identidad sostenida en el tiempo, mientras que en el caso de los museos sí. En otras palabras, los Museos de Arte Contemporáneo, de Bellas Artes, un museo Naval, tienen criterios de curatoría más estrictos que los centros culturales. A pesar de esto, incluí el Centro Cultural Recoleta en esta serie porque es un espacio que permite el contacto con el arte y porque creo que es un lugar que puede ser apreciado y disfrutado por los amantes de los museos. Lo primero que llama la atención es el edificio, construido en 1732, que originalmente albergó un convento de monjes y que tuvo diferentes usos a lo largo del tiempo, como un asilo de mendigos, un hospital, un cuartel y un hogar de ancianos, hasta que en 1978 se proyectó el Centro Cultural, inaugurado en diciembre de 1980. Su estilo de construcción gótico, el tono rosa de su ladrillos y su ubicación privilegiada lo hacen destacar en el barrio de Recoleta; y con más de una veintena de salas de exposición, un cine y un auditorio, es uno de los lugares favoritos para que los locales puedan ver exposiciones de artes plásticas, recitales, conciertos, cursos, talleres y otras actividades relacionadas con la promoción cultural.
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Wide corridors, an open courtyard, and a vast terrace with various statues facing north, offering a view of the UBA Law School's facade, are some of the most striking architectural features of this building complex. The complex is centered around a former convent and includes several annexes, now displayed in yellowish hues. While it's true that in summer, under the relentless southern sun, lingering on the terrace for long periods can be challenging, in spring or autumn, it must be delightful to lean against the railing and admire the neighborhood and the UBA Law School's Greek portico.
Pasillos amplios, un patio descubierto y una enorme terraza con diferentes estatuas que miran hacia el Norte y desde donde se puede ver el frente de la facultad de derecho de la UBA, son algunos de los detalles arquitectónicos más destacados de un complejo de edificios conformado por un punto central - lo que era era el convento - y algunas adhesiones que se ven en tonos amarillentos. Es cierto que en el verano, bajo el implacable sol del sur, puede ser desafiante permanecer mucho tiempo en la terraza, pero en la primavera o en el otoño debe ser muy agradable recostarse a la baranda para mirar el barrio y el pórtico griego de la facultad de la UBA.

During my visit, I saw a collection of costumes used in various plays performed there, but the main attraction that afternoon was an exhibition dedicated to the Argentinian writer Julio Cortázar, one of my favorites. The exhibition showcased diverse artistic interventions created from some of Cortázar's most iconic short stories and his famous novel, Hopscotch. Without a doubt, my favorite part was the room dedicated to the short story "A Continuity of Parks," because sitting in that green armchair feels like stepping inside the small metafictional gem that is that narrative. Playfulness, the playful element as a challenge to reality, but also as an expression of genius, and Cortázar's originality were all present in those exhibits, among which I found one that allowed me to hear the voice of the mythical Cronopio. It was undoubtedly one of the most special moments of my visit to the Recoleta Cultural Center and of all the museums I saw in the Argentine capital. Those of you who have been to Buenos Aires, let me know if you know this place and if you liked it; and those of you who have never visited the city, add this name to your list so you can visit it when you come to the land of mate and tango. How many of you would like to go? I'll read your comments.
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Durante mi recorrido pude ver una colección de trajes utilizados en diferentes obras de teatro representadas allí, pero el atractivo central de aquella tarde fue una exposición dedicada al escritor argentino Julio Cortázar, uno de mis favoritos. La exhibición mostraba diversas intervenciones artísticas creadas a partir de algunos de los cuentos más icónicos de Cortázar y de su famosa novela Rayuela. Sin duda mi parte favorita fue la sala dedicada al cuento Continuidad de los parques porque al sentarse en ese sillón verde se siente como si uno estuviera viviendo dentro de la pequeña joya metaficcional que es esa narración. El juego, lo lúdico como elemento desafiante de la realidad, pero también como expresión del genio, y la originalidad de Cortázar estaban presentes en esas exhibiciones entre las que me encontré con una que permitía reproducir la voz del mítico Cronopio. Fue sin duda uno de los momentos más especiales de mi visita el Centro Cultural Recoleta y de todos los museos que vi en la capital argentina. Quienes hayan estado en Buenos Aires, déjenme saber si conocen este lugar y si les gustó; y quienes nunca hayan visitado la ciudad apunten este nombre en su lista para que lo visiten cuando se acerquen a la tierra del mate y el tango, ¿a cuántos de ustedes les gustaría ir? Los leo en los comentarios.


















