Un saludo cordial a la familia de @holos-lotus.
Mucho de nosotros tenemos un lugar en la casa, al que le llamamos el cuarto de los cachivaches, donde guardamos esas cosas que, aunque no sirven para nada o posiblemente lo hagan un poco, nos negamos a echarlos a la basura y las vamos acumulando. Conservamos los cachivaches bajo el argumento de que en algún momento nos pueden ser útiles, también el valor sentimental que les adjudicamos influye para no desecharlos y es que los cachivaches son verdaderos tesoros para nosotros.
Les voy a referir el caso de una mujer que conozco que guardaba cuadernos que tienen apuntes de su carrera universitaria, aunque ya han pasado décadas desde que la concluyó. También conozco a otra mujer que conserva las mantitas con las que envolvió a sus hijos cuando nacieron y el mayor ya tiene veintisiete años, imagínense el apego. Esta mujer dice que un día decidió regalar muchas cosas que guardaba de sus hijos de cuando eran bebes, para que sean útiles a otros niños, pero reconoce que aún conserva algunas pocas cositas como tesoros especiales, por ejemplo, las cobijitas.
Las mujeres que les refiero en realidad soy yo. Estoy casi segura que muchos se identificarán conmigo, porque todos tenemos cosas que pudieran ser cachivaches y tesoros al mismo tiempo a los que no queremos renunciar.
Ahora bien, esta misma actitud la podemos tener en nuestra vida emocional. Me refiero a que también tenemos un cuarto de cachivaches en la mente donde tendemos a guardar recuerdos, sentimientos y emociones. Hasta aquí, no hay nada de malo mientras conservemos recuerdos agradables y emociones positivas. Sin embargo, no siempre es así porque mayormente acumulamos sentimientos y emociones destructivos, como rencor, dolor, incluso odio.
Por tal razón, cuando nuestra mente se llena de cachivaches emocionales, es imperioso hacer una limpieza y poner orden, tal como lo hacemos con el cuarto de los peroles de nuestra casa. Sin embargo, ese trabajo no es fácil y más porque cada vez que entramos allí decididos a salir de cosas que lo que hacen es estorbar o traer alimañas por ser realmente inservibles, pues nos cuesta soltarlas y terminamos conservándolas por más tiempo. ¿Cierto?
Pero en el caso de los cachivaches de nuestra mente, es urgente limpiar exhaustivamente para barrer todo lo que la oscurezca. Los sentimientos oscuros nos intoxican el alma, son los responsables de que nos neguemos a perdonar, reneguemos de la vida y elijamos no disfrutar las bendiciones diarias que recibimos de Dios.
¡Démonos prisa! Tomemos la escoba emocional, abramos la mente, miremos hacia adentro y limpiemos todos los rincones. Que sea una limpieza profunda, no te confíes en que solo basta con barrer por donde pasa la reina. Otro dato muy importantísimo, cuando digo que hay que tomar la escoba emocional esto es algo que no podemos hacer por nuestra cuenta, pero si con la ayuda de Dios y lo habremos logrado cuando pensemos bien con respecto a nosotros mismos y acerca de los demás.
English
Warm greetings to the @holos-lotus family. Many of us have a place in our homes that we call the junk room, where we store things that, although they are useless or possibly only slightly useful, we refuse to throw away and end up accumulating. We keep these odds and ends on the grounds that they may be useful at some point, and the sentimental value we attach to them also influences our decision not to throw them away, because these odds and ends are real treasures to us.