No soy una persona que hable mucho, al menos hacia afuera. Pero acabo de caer en cuenta de que si hablo mucho, pero para adentro. Hablo conmigo mismo, pienso y reflexiono todo el tiempo. No es algo que haga a propósito, sino que simplemente lo hago, es parte de mi naturaleza.
Y no es que me hable y me responda a mi mismo, es un diálogo un poco más abstracto... y variado. A veces brinco de una cosa a otra, como si mis pensamientos fueran videos de Tik-tok, y ninguno me enganchara lo suficiente. Otras veces le doy vueltas a lo mismo, una y otra vez, hasta agotar sus posibilidades, hasta conocer cada detalle de ese pensamiento, de esa idea, como cuando se te pega una canción que no puedes parar de tararear.
Y otras profundizo en algo hasta que ya no puedo más. Como si cavara un pozo profundo y solo una corriente subterránea o una roca insalvable, imposible de dinamitar sin morir en el proceso, pudieran pararme. Me considero un intelectual. Y no veo el término como creo que la mayoría de la gente lo ve: como un adjetivo que se usa para referirse a alguien muy inteligente, a un gran pensador que está por encima del común de los demás.
Yo me considero un intelectual simplemente porque vivo en mi cabeza, en mi intelecto, y eso no quiere decir que sea elevado, pero si que lo conozco mucho mejor de lo que la mayoría de la gente conoce el suyo. Porque la realidad es que la gente, por lo general, no sabe lo que tiene en la cabeza. Tal vez por eso ahora hay tanta necesidad de psicólogos.
Tal vez sea por eso también que me gusta tanto leer. Porque implica meterme en la cabeza del escritor, mientras me meto a su vez en la mía. Esa dualidad me parece fascinante. El imaginar todo lo que al autor escribió, como un reflejo irremediable de si mismo, pero que en mi espejo se refleja de una manera única e irrepetible: la mía.
Al final la lectura es un acto de complicidad con el autor. Yo completo lo que el dejo indefinido, accidental o deliberadamente, y termino su obra, mientras el construye también algo de mi en el proceso, y sin proponérselo siquiera, de la manera más desinterasada posible, o la más egoísta posible, depende de como se vea.
No siempre ha sido fácil pasar tanto tiempo en mis pensamientos. Cuando estos son invadidos por un amor, alguna pena, o ambos, la cosa se puede poner intensa. Pero cuando la lucidez y la paz acompañan mi pensamiento, basta la cosa más insignificante para maravillarme y experimentar eso que llaman felicidad, con una facilidad pasmosa.
Pero para poder hacer todo esto, para poder ser, necesito silencio, porque el ruido me distrae. Y en este mundo tan saturado de estímulos de todo tipo, el silencio a veces es un bien escaso, si lo sabré yo que vivo a 50 metros de una avenida, y tengo un vecino que escucha música a todo volumen a cualquier hora del día o de la noche.
Es cierto que también puedo desconectarme y aislarme de todo en ciertos momentos. Pero a veces es sencillamente imposible. Como hoy que iba en el autobús que me transporta a una ciudad cercana, y el chofer, y otro chofer que lo acompañaba, no paraban de hablar justo delante de mi, de las cosas más irrelevantes posibles, con una pasión que por momentos envidiaba.
Si los lideres mundiales hablaran con la pasión con que este par de hombres hablaban de tantas trivialidades, el mundo sería un lugar mejor. Y es por eso que los envidio, porque me cuesta entender como para ellos, al igual que para mucha gente más, hablar de lugares comunes puede ser tan estimulante, como hablar de un libro, una película, o un atardecer.
Estoy cortado con otra tijera, y lo digo más con cierto dejo de tristeza que de presunción. Hace ya tiempo que acepté como soy, y disfruto más la vida desde entonces, pero debo reconocer que muchas veces he querido ser distinto, que he querido ser una oveja más del rebaño, ser parte del balido general.
Mi estrategia para ser parte, a pesar de no serlo, ha sido también el silencio. El escoger mis palabras, y a quien decírselas, lo que me ha hecho refugiarme aún más en mi mismo y mis pensamientos, creando así un círculo virtuso (o perverso), prácticamente como mecanismo de sobrevivencia.
Sin embargo no todo es malo. Esto me ha permitido también el valorar las coincidencias por encima de las diferencias, y apreciar a la gente más por lo que tiene y lo que es, que por lo que le falta y/o puede llegar a ser. Y eso tal vez no lo parezca pero es bastante revolucionario.
En un mundo en que todo mundo se fija en las diferencias, yo me fijo en la coincidencias, simplemente porque no coincido con facilidad con el resto del mundo, y cuando eso pasa es como si me hubiera encontrdo un pepita de oro en el cieno de un río.
Decir que necesito silencio es una forma de decir que no me gusta el ruido. Porque la realidad es que pocas veces estoy de verdad en silencio. Vivo en una casa rodeada de sonidos del exterior, un ruido de fondo al que me he acostumbrado, y en vacaciones a veces hasta extraño.
Detesto esas bocinas corrientes y/o en mal estado que muchos comercios ponen a la entrada de sus establecimientos tocando reguetón, o algo similar, a todo volumen, literalmente, y no exagero, a veces me lastiman los oídos.
En casa la música se escucha a un volumen normal, y se escucha bien porque para colmo soy audiofilo, y si mi equipo no se oye como me gusta, prefiero no escuchar nada. Así que poco a poco, investigando mucho y ahorrando un tanto, me he armado un equipo de audio modesto que he logrado que se escuche bastante bien, y que disfruto tanto como puedo.
Así que eso de 'silencio' es un decir, pero espero que se entienda la idea. Porque cuando estoy en diálogo intenso conmigo mismo, reflexionando sobre lo que sea que capture mi atención en ese momento, pocas cosas me molestan más que ser distraído por ruidos del exterior, y estos pueden ser desde motos escandalosas hasta charlas sobre las Kardasian y su última cirugia.
No sé si ustedes experimenten algo parecido con alguna otra cosa. Hay gente que necesita interactuar con otros para sentirse bien, o dormir determinadas horas para poder estar al 100% al día siguiente, o comer ciertas cosas o a ciertas horas, o iniciar con un café o el día pierde sentido, etc, etc, etc.
Creo que todos tenemos rituales, o necesidades puntuales según nuestra forma de ser o entender el mundo, y la mía es el silencio o la ausencia de distractores sonoros. Manías que tiene uno, que le vamos a hacer. Por lo pronto, muchas gracias por escucharme y hasta la próxima. Y si en los comentarios quieres compartir tu manía personal, soy todo oídos.
©bonzopoe, 2026.
Si llegaste hasta acá muchas gracias por leer este publicación y dedicarme un momento de tu tiempo. Hasta la próxima y recuerda que se vale dejar comentarios.